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Oscar Wilde: el amor que no se atreve a decir su nombre


Un día como hoy, en 1854, nace uno de mis escritores favoritos: Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde, quién sería mundialmente conocido en la literatura como Oscar Wilde. 

Mi primer encuentro con Wilde fue en la infancia, cuando recibí un regalo de parte de mi padre: dos libros llenos de cuentos de hadas, uno de ellos titulado “El príncipe feliz”, que hablaba de una estatua dorada de un príncipe que lloraba por la infelicidad de sus súbditos, y de una pequeña golondrina que lo ayudaría a hacer un último esfuerzo por ellos. Nunca supe el nombre del autor, pero esos dos personajes ya se habían ganado mi corazón.

Años más tarde, mientras buscaba algo para leer en la biblioteca de mi tío, encontré “El fantasma de Canterville”. En ese entonces era muy miedosa e incluso lo confundí con un libro de terror. A los catorce años lo volví a encontrar en una Feria y esta vez no lo dejé pasar. Resultó ser un compendio de cuentos, y no precisamente de contenido terrorífico. Al revisarlo me encontré con una narrativa ingeniosa de toques humorísticos, que lograron hacerme reír por horas. Desde ese momento, supe que había encontrado un estilo literario con el cual me identificaba, y no solo eso, sino que caí perdidamente enamorada del hombre detrás de la pluma, del ingenio detrás de sus juegos de palabras, y de esa aguda sensibilidad camuflada en comentarios satíricos. Este cariño que surgió hacia él me llevó a averiguar más sobre su vida, la cual imaginaba feliz, rodeado de una esposa e hijos, y por supuesto, llena de pasión por la literatura. Grande fue mi sorpresa cuando supe de su trágica historia. 

Oscar Wilde fue un dramaturgo, poeta y escritor de origen Irlandés. Amante de la buena vida y poseedor de un ingenio sin igual. Sus obras de teatro y literatura eran alabadas por la crítica. Publicó varios cuentos, como “El fantasma de Canterville”, en donde hace gala de un sentido del humor con la que se burla de la sociedad conservadora inglesa: en “El crimen de Lord Arthur Saville”, nos muestra que el destino es más inamovible de lo que pensamos y en “La esfinge sin secreto” pone en evidencia esa ridícula necesidad humana de sentirse especial. En cuanto a teatro tenemos obras muy bien logradas como “La importancia de llamarse Ernesto” y “Salomé”. No podemos olvidar su única novela: “El retrato de Dorian Gray”, que fue bastante controversial en su época, pues Wilde hizo una reinterpretación muy interesante de la historia de Fausto.

Lamentablemente su fama no lo haría inmune a los perjuicios de la época, y en 1985 estallaría el escándalo. Wilde recibió una nota de parte del marqués de Queenberry, padre de Lord Alfred Douglas, quien tuvo una relación sentimental con el escritor. En ella dice: Para Oscar Wilde, aquel que presume de sodomita. Lejos de dejar pasar esta afrenta, Wilde comienza un juicio por difamación en contra del marqués, firmando así la sentencia de su caída. En el juicio, Oscar Wilde fue acusado de sodomía y grave indecencia, fueron presentados en su contra testimonios de jóvenes que habían mantenido relaciones con él, así como un extracto del poema “two loves” de Alfred Douglas que decía The love that dare not speaks its name (El amor que no se atreve a decir su nombre). Al final, el marqués se vio libre de toda acusación, mientras que Wilde quedaba en bancarrota y condenado a dos años de trabajos forzados.

Desde la prisión, escribiría “De Profundis”, una obra epistolar dirigida a aquel amor responsable de su cruel encierro. Esta carta fue confiada a su mejor amigo, quién la publicaría de forma póstuma unos años después. Aquí podemos observar el arrepentimiento y rencor que acechan al escritor en la cárcel de Reading:

Nuestra trágica y lamentable amistad, ha finalizado para mí de un modo infame, y para ti con escándalo público. Pero, el recuerdo de nuestra antigua amistad me acompaña con frecuencia y siento una gran pena al pensar que mi corazón, antes repleto de amor, está ya para siempre lleno de aborrecimiento, desprecio y amargura.

A pesar de las peticiones del público para acortar la pena, Wilde cumple su condena completa. Al salir de prisión vuelve a encontrarse con Douglas, pero la presión de las familias de ambos termina por separarlos definitivamente. Sale de Londres completamente arruinado, y se muda a París en donde intenta rehacer su vida bajo el nombre falso de Sebastián Melmoth, sin mucho éxito. Tres años después, moriría de meningitis a los 46 años. El mundo había perdido a un diamante de la literatura, por el simple hecho de haberse enamorado de otro hombre.

La sociedad perdona a veces al criminal, 
pero no perdona nunca al soñador.

Como dijo Wilde, la sociedad nunca le perdonó haber estado envuelto en semejante escándalo, ni siquiera su propia familia pudo volver a recibirlo. Su esposa no se divorció de él, pero no volvió a verlo ni dejó que viera a sus hijos, Ciryl y Vyvyan, a quienes cambió el apellido a Holland para alejarlos del escándalo. Sin duda un golpe mortal para la ya magullada vida que le quedaba. 

La historia de Oscar nos muestra lo ilógica y fría que puede ser la sociedad al criticar el amor, un amor que no hacía daño a nadie ni a nada, un amor que se hubiera esfumado solo, sin la necesidad de menguar la vida y carrera de este valioso hombre. Felizmente aún tenemos a la mano las obras que nos dejó, llenas de su forma de ver la vida y críticas hilarantes hacia la hipocresía de la época. Pero sobre todo, tenemos la moraleja de su caída, la injusticia que tuvo que vivir a causa del “terrible” pecado que era amar a una persona de su mismo sexo. Injusticia que siguen viviendo miles de jóvenes homosexuales en distintos países, en donde estos son maltratados y humillados; y en casos más extremos, asesinados. 

Poco más de cien años han pasado la muerte de Wilde, un periodo de tiempo en los que se han logrado cambios, pero no han sido suficientes. Tal vez, en unos años más caerá por fin la venda de nuestros ojos y nos daremos cuenta que el verdadero pecado no es amar a alguien, sino, el no respetar los sentimientos de los demás

¿Aman a este autor tanto como yo? Entonces no dejen de comentar, quisiera conocer más Wilde’lovers. 

¡Un abrazo!

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