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Querida Jane


Querida Jane.

Llevo mucho tiempo queriendo escribirte esta carta y recordar el bicentenario de tu partida es el momento perfecto para decidirme a hacerlo. Que gran oportunidad los que tuvieron el placer de conocerte y ser parte de tu círculo social. Casi una aventura que, estoy segura, muchos quisieran vivir no solo para conocerte, sino para preguntarte las muchas dudas que nos dejaron tú y tus novelas. Confieso que te conocía de lejos, pero no fue hasta que llegó la adaptación de Orgullo y prejuicio (2005), de lejos tu novela más conocida - que me animé a indagar más sobre ti y tus escritos. Me esperaba una historia de romance y grande fue mi sorpresa al encontrar mucho más que eso: es una crítica muy severa a las costumbres de la sociedad inglesa en la que viviste. 

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.

Hoy puede parecer inaudito la obsesión de una madre por conseguir un buen partido para sus hijas y la estrategia de la señora Bennet incluso puede resultar criticable y hasta risible. Pero en esa época ser de clase media, tener cinco hijas casaderas y conseguir un buen matrimonio para todas era una tarea titánica. La belleza importaba, pero el título nobiliario y la dote de la casadera eran factores fundamentales al momento de encontrar esposo. Las mujeres no podía heredar ningún bien y no casarse era convertirse en una carga para su familia. Asegurar la tranquilidad económica, social y familiar era el ideal de toda madre y con él mantener el establecido orden social. Con ese panorama y la intensa competencia, los caballeros terminaban siendo poco menos que acosados en todos los lugares a los que iban. Comprendo ahora la actitud de Mr. Darcy, que aunque parezca ser todo menos galante al referirse a las muchachas, tiene sus propias razones para evitar mostrarse tal y como era. 

Hoy en día, esas costumbres han cambiado un poco. Hoy las mujeres tenemos derecho a voto en la mayoría de las sociedades y podemos decidir por cuenta propia, incluso si queremos casarnos o no. Sin embargo, esta decisión se basa en la educación y la cultura del lugar y aún tenemos niñas que son mantenidas en casa para que sean de utilidad para la familia. Estoy segura de que te alegrarías de conocer los cambios que se han dado con los años, pero es importante recordar que aún estamos en una lucha constante para tener todos los mismos derechos. Hay un largo camino que aún queda por recorrer. 

Cuando hablo de Orgullo y Prejuicio muchos me toman por una romántica empedernida que va en busca de un amor perfecto. Te cuento que cuesta mucho explicar que en esas páginas no hay sólo una historia de amor - mucho menos a primera vista - sino una forma sutil e inteligente de criticar la costumbre de emparejar a las muchachas por el bien de su familia. ¿No te parece un poco superficial? Admiro ese humor fino que manejas y el sarcasmo con el que detallas ciertas cuestiones de la vida diaria. Debo decirte también que Mr. Darcy y el Capitán Wentworth han puesto una valla muy alta en cuanto a protagonistas favoritos literarios, por esa personalidad y contexto que le diste. Creaste a dos personajes con grandes conflictos que aprendieron a creer en sus propias convicciones. ¿Sabes? Si te tuviera al frente me gustaría conocer en qué situación te basabas para escribir tus novelas. ¿Conociste a alguien que vivió lo de Anne y Wentworth? ¿Crees que el Capitán y Darcy podrían haber sido amigos? ¿Que Lydia Wickham pudieron haber sido felices? Pero sobre todo, ¿qué pasó con la vida de tus personajes luego de llegar al último capítulo? Solo tú tienes la respuesta. 


Querida Jane, ¿tuviste alguna novela favorita de todas las que escribiste? Si duda yo tengo la mía, Persuasión, quizás porque llegó en el momento preciso para convertirse en una válvula de escape, a la par que me identificaba con los temores de la propia Anne. Creo que es eso lo genial de la literatura, que logra conectarse con los personajes, y hace que uno no deje de admirarlos y de quererlos. Sé que te han puesto la etiqueta de “escritora romántica”, tal vez porque tus novelas vistas desde la mirada de los lectores actuales puede tener ese aura de añoranza de una época que no conoceremos, pero para quienes te hemos leído dejando esa etiqueta a un lado, valoramos esa fuerza y destreza para crear historias que siguen traspasando la barrera del tiempo. A la fecha, se sigue editando tus novelas en casi todos los idiomas y hay hasta una competencia de las editoriales por quién saca al mercado una edición más bonita. Pero para mí, como muchos otros lectores, lo que realmente importa es la trascendencia de tus escritos. ¿Lo imaginaste siquiera? Mi deseo de lectora es que tu nombre se siga pronunciando con profundo respeto y que seas, tal como eres ahora, un referente de la novela inglesa.

Hay tanto que agradecerte, querida Jane, porque aún nos sigues regalando en tus novelas momentos inolvidables pero sobre todo, porque nos haces valorar todo lo obtenido como mujeres en esta época. Aún cuando la vida en tus tiempos la veamos de manera soñadora y romántica, siento que estarías muy feliz y serías parte de todos los cambios que vamos teniendo como seres humanos que queremos la igualdad de nuestros derechos. El mundo recordará el día de hoy el bicentenario de tu partida y con ello muchos eventos que se van a realizar en tu nombre. Tengo la sospecha que de dónde estés, verás con júbilo que seguimos recordándote y que seguirán las generaciones venideras leyéndote como se hace hasta ahora. Gracias por ser parte de nuestra vida lectora, Jane.

Siempre tuya,

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