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Del odio al amor hay dos décadas: mi experiencia con Mi planta de Naranja Lima


¿Alguna vez han sentido aversión hacia un libro en particular? Uno que no solo detestaron, sino que juraron jamás volver a tocar en su vida. Esta idea puede ser un poco extrema pero me sucedió cuando tenía nueve años. Las lecturas que nos dan en el colegio nunca me han parecido muy acertadas, en su mayoría son libros que son inapropiados para lectores infantes o jóvenes. En toda mi etapa escolar, fui bombardeada con libros densos que contenían vocabulario no apto para niños o temas sombríos y negativos; y ni mencionar esos clásicos escritos en español antiguo que al final terminan destruyendo muchas veces el hábito de la lectura en la juventud, o en el mejor de los casos, crea cierta antipatía hacia algunos títulos. Esto me sucedió cuando nos dieron a leer la famosa obra de José Vasconcelos: Mi planta de Naranja Lima

Mis recuerdos de esa época (hace dos décadas) son algo borrosos, pero el sentimiento de rechazo y fastidio hacia esta obra aún se siente como si estuviera fresco. Principalmente, tenía un gran problema con Zezé; desde su nombre, el cual me parecía bastante tonto, hasta sus juegos. No podía entender por qué tendría alguien que tener de amigo a un árbol, para mí ese niño estaba medio loco. Luego, estaba su relación con un desconocido, hasta este momento siempre había tenido presente el indiscutible consejo que todo padre da a sus hijos: “No hables con extraños”. Sin embargo, este niño no solo les habla, sino que entabla amistad con gente que no conoce. Por último, el final del libro fue incomprensible para mí en esa época.

Cuando regresamos a clases, a la mayoría de mis amigos les había gustado el libro, mientras que yo, lo odiaba. Y así pasaron los años, cada vez que se mencionaba el título que-jamás-debe-ser-nombrado, me picaba el cuerpo y lanzaba mi apreciación con tres simples palabras: ¡no lo leas! Fue tal mi odio hacia Mi planta de Naranja Lima, que desaparecí cualquier copia del libro no solo de mi biblioteca, si no de la de mi primo (si me estás leyendo, lo siento primo, fue una chiquillada). El tiempo siguió pasando con normalidad, pero mi opinión sobre el libro nunca cambió, hasta que por azares del destino empecé a estudiar traducción y en el segundo ciclo de portugués nos hicieron leer cierto librito: Meu pé de Laranja Lima. Comprenderán que casi me caigo de la silla, ¡no solo tenía que hacer un ensayo sobre este Voldemort de la literatura, sino que lo tenía que leer en el idioma original! 

Pasado el shock, decidí que lo leería y aprovecharía la oportunidad para destrozar el libro con mi crítica. Sí, lo volví a leer por venganza, no por curiosidad. La primera semana de junio del 2016, me senté en mi computadora, abrí mi archivo y dije: Bueno Zezé, aquí estamos de nuevo, cuéntame tu historia… y me la contó. ¿El resultado? El libro me conmovió hasta las lágrimas, Zezé ya no fue más el niño loco que hablaba con extraños, ahora era una criatura inocente tratando de sobrevivir en medio de la pobreza en que le tocó nacer, sorteando castigos absurdos; tanto de su hermana mayor como de ese hombre amargado que era su padre. Aprendí a apreciar sus juegos y sus amigos imaginarios, pues para él eran una vía de escape al dolor y la injusticia. Cada golpe que recibió Zezé lo sentí en la piel y el corazón, y fue aquí, leyendo sobre las ingratas experiencias que vivió el protagonista, dónde todo me quedó muy claro; mi aversión hacia el libro nunca tuvo relación alguna con la narrativa o el desarrollo de los personajes, el motivo era mucho más profundo: a mis escasos 9 años, no soporté leer sobre el sufrimiento; específicamente, sobre el sufrimiento de un niño. Mientras mis compañeros de clase se habían identificado con Zezé por su imaginación y travesuras; yo, había prestado una mayor atención a las penurias del pobre niño, y simplemente no quise aceptar que un pequeño pudiera pasar por tanto dolor.

Hoy en día, a mis treinta, puedo decir que esta novela significa mucho para mí, pues me trae recuerdos de la niñez, mis ideales infantiles y la promesa de que bajo mi cargo ningún niño pasará por maltratos similares. Esta experiencia de relectura me animó a investigar un poco más sobre la vida de Vasconcelos, y me enteré que escribió una continuación de su obra, llamada: Vamos a calentar el sol, en donde nuevamente podremos leer sobre las aventuras del pequeño Zezé. Además, estoy planeando retomar algunas obras que dejé inconclusas en mi adolescencia, como por ejemplo la célebre: Cien años de soledad que en su momento me funcionó mejor que un diazepam.

Así que aquí estamos. Esta fue mi historia de amor y odio con esta obra, espero no haberlos aburrido y que me cuenten si alguna vez sintieron algo parecido con una novela popular. A veces llegan a nosotros historias que no significan nada; pero pasado el tiempo, pueden llegar a significar todo.

1 comentario:

  1. Me encantó la historia, y me encantó que tuvieras la oportunidad de poder reencontrarte con el libro y que te gustara así. Cuando hablan de las vueltas de la vida, creo que también se refieren a estas cosas.

    Me pasó algo similar con Orgullo y prejuicio, pero no lo odié, me pareció meh. Creo que a mis 15 no estaba preparada para leerlo. Volví a leer a Austen de grande y ahora la amo, así que bueno, supongo que esas cosas pasan.

    Un besote :)

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