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La última tarde


Queridos lectores:

Este post no lo escribe una erudita en cine ni mucho menos una crítica del mismo. Quién suscribe y firma estas líneas es solo una asidua asistente al séptimo arte y cuando una película ha logrado conmoverme la recomiendo con mucho ímpetu entre mi círculo de amigos. Y hoy, aprovechando el espacio que me da Palabras que vuelan, vengo a comentarles mis impresiones sobre la película La Última Tarde.

La última tarde no es sino la historia de dos personas: Ramón (Lucho Cáceres), que se encuentra en un juzgado esperando a que llegue su aún esposa Laura (Katerina D’onofrio) para firmar los papeles del divorcio. Este trámite es de mutuo acuerdo y por lo que vamos conociendo desde el inicio de la película, es que ambos protagonistas no se han visto desde hace diecinueve años. Lo que debió ser una diligencia que no debía tomar mucho tiempo, se prolongará por algunas horas más, ya que Laura requiere que el juez termine de cerrar el proceso de divorcio ese mismo día, pues Ramón no vive en Lima sino en Cuzco y mientras esperan (que será el transcurso de esa misma tarde), deciden caminar por las calles del distrito de Barranco y conversar sobre cómo les ha ido en la vida.

Es en esta conversación donde vamos conociendo a estas dos personas que hace mucho tiempo no sólo se amaron sino que además compartieron una ideología que los llevó a vivir situaciones extremas; es por ello que una de las partes de esa relación de pareja decide unilateralmente la separación definitiva y se mantienen sin ninguna comunicación hasta esa tarde que se encuentran en el juzgado, por lo que en la actualidad son un par de desconocidos cuyas vidas y profesiones ha cambiado radicalmente. 


Al ser este un encuentro pactado con anticipación y teniendo que pasar esa tarde en mutua compañía, la conversación empieza con los diálogos banales, las preguntas del cómo les va en la vida y qué hicieron desde el momento en que se separaron, algo que no debería tener mayor trascendencia dado que sus vidas están en caminos distintos. Aún así, el espectador empieza a sentir que hay una tensión palpitante entre ambos protagonistas, sin que ellos se lo propongan, ya que al evocar el pasado serán necesarias esas preguntas que no se hicieron en el momento (o que no hubo oportunidad de hacerlas) y cuyas respuestas ansían conocer, aunque no exista la seguridad de estar preparados para ser escuchadas y asimilarlas como un pasado del que no hay vuelta atrás y que hay que asumirlo como tal. 

No es la primera vez que veo a Lucho Cáceres en su faceta como actor de cine y debo resaltar que ha logrado darle a su papel una soltura y credibilidad increíble, se siente que vive cada instante de su personaje y lo hace suyo, logrando transmitir esas notas de nostalgia, pero también de la rabia controlada de cómo fue su historia luego de la separación. Katerina D’onofrio hace lo suyo relatando en esta conversación su “nueva vida” y la manera en que la fue alejando de lo que ella antes creía que era lo correcto. Cada momento vamos ingresando a un pasado que no nos es muy lejano, sobre el terror que fue la revolución senderista y su sangrienta lucha armada que azotó a nuestro país en las décadas del 80 y 90’s y como ésta deja una huella muy profunda en quienes la vivimos.

Sin duda la dirección de Joel Calero ha sido lo que más me ha sorprendido - debo hacer hincapié que es la primera vez que veo una película de este director - y dicho sea de paso, es el guionista y quien nos relata esta historia en noventa minutos sin dramatismo excesivo, sino con la concordancia y la veracidad de quien tiene la capacidad de crear una película que puede ser vista y disfrutada por el público en general, sin perder el objetivo de crear en el espectador la conciencia de preguntarse sobre ese pasado doloroso, sobre esa ideología que casi nos llevó al fracaso como país, que nos sumió en una lucha sangrienta, pero que a pesar de todo, debemos recordar y evitar que resurja por algún motivo. 


Ver La última tarde debería ser tu primera opción si vas al cine y no sólo por qué es una película peruana, sino que la calidad de este filme no tiene que ver con la nacionalidad sino que la forma y el fondo de esta historia, retratada de manera magistral. Asimismo, para quienes amamos la lectura y deseas seguir leyendo sobre esta temática te recomiendo La Hora Azul de Alonso Cueto (2005), que nos narra la historia de Adrián Ormache un hombre que tenía una vida “perfecta” pero que descubre que su padre, un alto militar en la época más álgida del terrorismo, cometió junto a otros militares actos deplorables que hace que él se cuestione no sólo su vida actual sino el pasado de nuestro país. Y si lo que te interesa es una novela negra que transcurra en la época te recomiendo a ojos cerrados Abril Rojo de Santiago Roncagliolo (2006), cuyo escenario es en la ciudad de Ayacucho y nuestro protagonista, Félix Chacaltana empieza a investigar una serie de sucesos que lo va a llevar a descubrir cómo había sido la situación que habían vivido los ayacuchanos en este enfrentamiento, donde los militares como los senderistas abusaron de su poder y del terror que se vivía en ese tiempo.

Denle una oportunidad a La Última Tarde ya que no sólo es una gran película sino por qué merece ser vista y comentada. Hagamos que estos grandes esfuerzos por hacer cine en nuestro país se vea reflejado en la asistencia de los espectadores a las salas de cine y a apreciar y valorar el trabajo titánico que es hacer cine en nuestro país, pero sobre todo por qué es una buena película que marcará un hito en el cine peruano.


Victoria Delgado

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