Reseña: Nosotros después de las doce

Nosotros después de las doce
Mi puntuación: ★ ★ ★
+ Datos sobre el libro | Lee los primeros capítulos

Una chica con nombre de princesa. 
Un chico que escucha a Sinatra.
Un pueblo perdido en las montañas. Un carrusel.
Tres secretos. Dos reencuentros inesperados. 
Un amor. Una traición. 
Y una noche de verano, la más mágica del año…

Puede que Aurora se llame como una princesa, pero definitivamente no cree en los cuentos de hadas. Ni en los finales felices. La vida le ha enseñado que no todo es color de rosa, que a veces al llegar las doce no hay hechizo que se rompa y que cambie la vida de un día para otro. Pero eso no quiere decir que no crea en la magia, quizás pequeños resquicios de ella, que viven en Valira, ese pueblo suyo ubicado en plena montaña, un precioso lugar en el que ha crecido y que todos los veranos atrae a muchos turistas, sea por el pozo de los deseos, la historia de la Reina Enamorada, la pastelería, las caravanas o el carrusel mágico de los Dubois. En la víspera de la noche de San Juan, Aurora recibe una visita inesperada: Erin y Teo acaban de regresar al pueblo y eso empieza a trastocar los intentos de crear una nueva vida. Ella, su mejor amiga de toda la vida, una chica muy inteligente con planes de cruzar el charco y estudiar en una prestigiosa universidad. Él, artista nato, que la mira con una sonrisa pícara y quiere algo más que una amistad.

Mientras los días calurosos de la montaña se van sucediendo uno a otro, Aurora y sus amigos van disfrutando el último verano juntos que les queda, antes de tomar cada quién su camino e irse a estudiar aquello que les apasiona. El problema es que Aurora no está segura de sus decisiones, ni de su futuro, ni la distancia que ha ido marcando con sus amigos, ni siquiera lo que podría ocurrir con Teo. Siente que hay algo que esta olvidando, algo que de alguna manera marcó su vida y ahora se ha evaporado, dejando la sensación de vacío. Quizás sea la magia de Valira, quizás solo sean cuentos de folclor popular. O quizás. ese carrusel en medio del pueblo realmente tenga el poder de jugar con los recuerdos

Sucedió como suceden todas las cosas importantes: sin que se dieran cuenta. Empezó como terminan los cuentos de hadas: con un beso

Conocí a Laia Soler con Los días que nos separan y la volví a encontrar en Heima es hogar en islandés. Leer sus historias siempre es una bonita experiencia, porque mantiene un estilo muy suyo al momento de llevarnos, junto a los protagonistas, a recorrer escenarios muy bien escogidos y vivir lo que la vida les ha preparado en sus caminos. Con esa idea llegó a mis manos Nosotros después de las doce, su última novela publicada y cuya sinopsis ya despertaba curiosidad. ¿Princesas, Sinatra, secretos y verano? Definitivamente eran una combinación especial y estaba segura de que Laia nos sorprendería (una vez más). Y lo ha hecho hasta cierto punto, porque si hay algo que destaco de ella es esa forma tan sutil de incluir la magia en una historia de corte realista, como si fuera un personaje más al que debemos seguirle la pista. 

Aurora - ese nombre del que ella a veces reniega un poco - es la indiscutible protagonista. Una chica de 17 años que tiene que enfrentarse a una de las grandes decisiones de la vida: ¿qué hacer con su futuro? Es una de las primeras cosas que conocemos de ella y un primer punto para empezar a conectar con el personaje. Estoy segura que muchos de nosotros hemos pasado por esa crisis existencial al final de la escuela, en la que la presión es inevitable y uno ya no sabe que pensar. Pero Aurora, mientras busca la respuesta, trata también de poner el orden en otros aspectos de su vida. Tiene una relación adorable con su abuelo y dos padres que le dan la libertad suficiente para andar por el pueblo. Tiene una mejor amiga que ha regresado y con la que tiene que volver a fortalecer vínculos y tiene a un chico al que podría empezar a querer más de lo que imagina. Y está el verano, los turistas, la panadería familiar y las noches en las caravana. Sin duda es un personaje con varios matices, humana, y me alegra saber que la autora no se centra solo en un aspecto de su vida, sino que da espacio para conocer todas sus facetas (aunque no necesariamente estar de acuerdo en sus decisiones). Y eso, logra que lleguemos a conectar con ella y con quienes la rodea, que capítulo a capítulo van dando forma a esta novela. 

Nunca no era cuando se enfadaba con sus amigas y se juraban odio eterno. Un nunca de verdad no se podía deshacer

Teo, Erin, el abuelo Dubois y los amigos de caravana componen un elenco bastante variopinto de personajes secundarios. Son un retrato bastante realista de chicos adolescentes que quieren disfrutar ese último verano. Flirtean con turistas, beben alcohol, tienen relaciones y van de fiestas. Qué genial es saber que la LIJ poco a poco va dejando de tratar estos temas de manera superficial y empieza a darles naturalidad, porque es parte de la vida misma. No puedo decir que Teo me haya llegado a encandilar como personaje secundario, pero no ha estado mal. Tiene sus momentos pícaros, cínicos y otros tantos llenos de ternura. Es un buen personaje para una bonita relación romántica, una que llega a darle las pinceladas de ternura necesarias a una historia tan bien contada (porque romance sí que hay, aunque hasta qué punto les toca descubrir a ustedes). 

Creo yo - y lo que quizás le haya bajado un poco de puntos a la novela - es la estructura de la misma. Al comienzo puede resultar un poco confuso como se van sucediendo los hechos (hay párrafos escritos en cursiva, a modo de recuerdos) porque, al igual que Aurora, hay una sensación de vacío, de que el lector se está perdiendo algo. Paciencia, que a partir de la mitad del libro todo se va aclarando y hacia el final es que tenemos la gran revelación. Todo encaja como un puzzle y cobra sentido, incluyendo el título de la novela y el propio diseño de la portada. Ese momento siempre lo he encontrado en las novelas de Laia, donde lo que uno pensaba no resultó ser tan como creía y donde la magia hace una aparición estelar para dejar al lector completamente sorprendido. Es ahí donde muchos pueden decidir si adorar ese giro inesperado o simplemente sentir que no cuadra y ver la historia con otros ojos. Esta vez - aunque me ha gustado la idea - no puedo incluirme del todo en el primer grupo. Puede que haya sido cosa de la historia o quizás no era el mejor momento para mí como lectora, pero sí reconozco que Laia ha hecho un buen trabajo al llegar a ese punto.

Los sueños se rompen si caen desde lo bastante alto. Se hace añicos y no hay nada en el mundo capaz de pegar todas las piezas para recuperarlo

En resumen, Nosotros después de las doce sigue el estilo que Laia Soler maneja con sus novelas, aunque con una pizca más de nostalgia. Tiene pinceladas de romance y muchas dosis de amistad, además de darle espacio a la protagonista para que podamos conocerla y crecer con ella como personaje. ¿Se animarían a leerla? Por mi parte va recomendada. 




Related Posts

1 comentario:

  1. Hola! Me gustó mucho el análisis que hacés de la novela. De hecho, me hiciste ver alguna cosita que no sé si pensé.
    Un besote enorme!

    ResponderEliminar

Quien escribe

Quien escribe
CRISTINA RAMÍREZ
Lectora a tiempo completo y psicóloga en proceso. Adoro el invierno, el café y las historias capaces de llegar al corazón. Ah, y los gatos también.

Entradas a tu mail

+ Contenido


 photo MENU5_zpsrowextgr.png

 photo MENU6_zpsobbyb49b.png

 photo SUGIEREUNPST_zpsevmkxpt4.png

Mis proyectos

 photo 4r small_zpswvfra76v.png
Club virtual de lectura

@palabrasqv en Instagram