Reseña: Yo estuve aquí

Yo estuve aquí
Mi puntuación: ★★★✩
+ Datos sobre el libro | Lee los primeros capítulos

Algunos secretos son profundos como océanos.
Y nos arrastran con ellos. 

Meg García, la mejor amiga de Cody, se ha suicidado. Esa chica vivaracha, llena de energía, luchadora e independiente ya no existe y en su lugar queda una nota de e-mail, un doloroso recuerdo y un vacío que siempre le acompañará. Pero lo que a Cody más le duele - además de la ausencia - es que nunca lo vio venir. ¿Qué clase de mejor amiga no da cuenta de las señales, no es capaz de percibir la tristeza en las palabras? ¿En qué momento se rompió el lazo que las unía? Mientras Cody emprende un viaje a Tacoma para recoger las cosas de su amiga realizará además una travesía interna para intentar encontrar las respuestas. Meg, quién más que una amiga era su hermana, no podría haberse suicidado, no por decisión propia. Aferrándose firmemente a esa idea empieza a indagar, a buscar pistas, a intentar curar su corazón herido. Quizás encuentre lo que busca, quizás haya alguien a quién culpa. O tal vez, las cosas sí son lo que parecen y lo último que queda es aceptar que ella nunca más estará a su lado. 

– Así era Meg.  Era capaz de todo. De resolver cualquier problema para quien fuera.
– Salvo para ella misma.

Ah, Gayle Forman, ¿cómo haces para embarcarte en novelas que abordan temas tan crudos, tan delicados y aún así salir airosa de ellos? Desde que la conocí en Si decido quedarme supe que era una autora a la que valía la pena seguirle la pista, de esas que son capaces de remover muchos sentimientos con pocas palabras. En Yo estuve aquí vemos de cerca el tema del suicidio, pero lejos está de ser una historia lacrimógena o cursi. Cody Reynolds no es la chica perfecta y muchas veces ha envidiado la suerte de Meg. No sólo tener unos padres que la adoran o un hermano que daría todo por ella, sino ser más osada, más capaz de desenvolverse si el temor al qué dirán los demás. Ambas eran tan diferentes entre sí, pero se complementaban tan bien que era difícil no creer que pudieran ser amigas. Pero bien dicen que nunca se termina de conocer a una persona y Cody está dispuesta a llegar hasta el último peldaño. Si tiene que desenterrar historias del pasado, si debe enfrentarse a personas que no conoce (incluso si ese es Ben McCallister, ex-novio de Meg) o tomar de una vez por todas las riendas de su vida, lo va a hacer. Por ella. Por su mejor amiga. Porque se merece una respuesta a todas las interrogantes que hay en su cabeza. Y porque es lo único que puede hacer para acallar su conciencia. 

Como ya es costumbre de Forman, la premisa de la que parte esta nueva historia es sencilla, pero no por ello menos trabajada. Poco a poco, capítulo a capítulo, la autora nos va dejando entrever qué es lo que se cuece en esta novela. El viaje a Tacoma es solo el primer paso, conocer a quienes rodeaban a Meg será el factor decisivo. Por medio de una prosa cadenciosa, Gayle Forman nos lleva a ser testigos de las pesquisa de Cody y de su lucha interna, de intentar sanar esa herida palpitante que ha quedado en su corazón. Si bien el ritmo no es del todo constante, se maneja bastante bien los giros argumentales e incluso llega a sorprender en varios capítulos. Yo estuve aquí no solo va de amistad o de conocerse a unos mismo, sino que se da un tiempo para abordar muchas cuestiones humanas. Sí, admito que tiene sus pinceladas de romance, que aunque no logran opacar la historia sentía que por momentos le robaban cierto protagonismo al tema central: el suicidio. Vamos, que pocos autores se atreven a seguir este sendero y es interesante la forma en que tienen de plantearlo, sin ser moralistas ni recurrir a la religión. Me hubiera gustado más profundidad en este aspecto, más de ahondar en la complejidad psicológica de Cody, de su propio debate interior. Mal no ha estado, pero pudo ser mejor.

A veces lo más duro es perdonarnos a nosotros mismos

¿Frases bonitas? Las hay, y muchas. Gayle Forman se toma en serio su trabajo y nos regala pasajes llenos de dulzura, pero también de reflexión y crecimiento. Cody como protagonista no lo hace nada mal, es capaz de encarnar la situación de muchas personas y el desconcierto por la pérdida de un ser querido. Los primeros capítulos puede resultar una chica ordinaria, sin muchas aspiraciones, pero evoluciona conforme avanza la historia. Los secundarios tampoco han estado mal, aunque sí que hubo un par que se pudo explotar aún más. Pero, ¿saben qué me hubiera gustado? Un PoV de Meg, lleno de ese carácter tan suyo que todos describen. No obstante, para ser una novela relativamente corta, ha logrado cierto nivel de intensidad que lleva a que el lector conecte con la historia. Les aseguro que no llega a ser tedioso, pero también debo decir que dependiendo del momento en que se lea esta historia pueda calar más o menos en el lector. 

La vida puede ser dura, hermosa y complicada, pero, con suerte, será larga. Si lo es, comprobarás que es impredecible, y que hay épocas sombrías, pero estas remiten- a veces con apoyo- y el túnel se ensancha, permitiendo que el sol penetre de nuevo en él.

En resumen, ha sido bonito reencontrarse con Gayle Forman y saber que sigue teniendo un sello especial al momento de contar historias. Que se atreve a tocar temas complicados y que logra recrear una atmósfera única para ellos. Confío en que seguirá mejorando en sus próximas historias, pero de momento les recomiendo mucho Yo estuve aquí, creo que ha logrado estar a la altura de mis expectativas.


Gracias a Ediciones Urano por el ejemplar 
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2 comentarios:

  1. Karina Cervantesmarzo 23, 2017

    A mí me gusto mucho Si decido quedarme y tambien la segunda parte. desde ahí estoy buscando otra novela de la autora y como dices, este libro tiene buena pinta, asi que lo apunto.
    Gracias por la reseña ��

    ResponderEliminar
  2. Holaa
    No sabia que gayle forman habia escrito otra novela. Eso del tema del suicidio suena interesante, ojala que lo haya trabajado bien. Espero leerlo pronto, buena reseña.
    Abrazo,

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CRISTINA RAMÍREZ
Lectora a tiempo completo y psicóloga en proceso. Adoro el invierno, el café y las historias capaces de llegar al corazón. Ah, y los gatos también.

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