Reseña: El Ruiseñor

El ruiseñor
Mi puntuación: ★ ★ ★ ★ ★
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En el amor descubrimos quiénes queremos ser.
En la guerra descubrimos quiénes somos en realidad.

Francia, 1939
En el apacible pueblo de Carriveau, en medio del valle del Loira, Vianne Mauriac se despide de su marido. Como él, muchos jóvenes se ven obligados a alistarse e ir al frente, a pelear por su nación y por sus familias. Ella se queda con Sophie, su hija, y con las demás mujeres del pueblo, intentando convencerse de que la guerra será solo algo pasajero que llegará pronto a su fin. Cuando Francia se rinde ante Alemania y las tropas empiezan a invadir París, la situación empieza a tornarse desesperante. Isabelle Rossignol, su rebelde e insensata hermana menor, llega a Carriveau en una de las marchas del exilio junto a miles de parisinos y busca instalarse en su hogar. Vianne la acoge, pero siente que hay heridas que no han cicatrizado entre ambas. Isabelle también lo sabe, pero esta dispuesta a cumplir la voluntad de su padre. Hasta que llega un destacamento alemán al pueblo y los oficiales empiezan a requisar las mejores casas para hospedarse en ellas. El hecho de convivir bajo el mismo techo con el enemigo impactará de diferente manera a ambas hermanas: Vianne tendrá que quitarse la venda de los ojos por la fuerza y aceptar que en una guerra lo principal es la supervivencia. E Isabelle tomará una de las decisiones más temerarias de su vida al convertirse en el Ruiseñor con el fin de ayudar a los Aliados, pero sobre todo para probarse a sí misma que es una mujer independiente que hará lo que sea necesario para contribuir a desmantelar el horror que los nazis empiezan a instaurar en toda Europa

A los hombres les gusta contar historias. Las mujeres nos limitamos a seguir con nuestras vidas. Para nosotras fue una guerra en la sombra. Cuando se terminó, no tuvimos desfiles ni medallas ni menciones en los libros de historia. Durante la guerra hicimos lo que debíamos y cuando terminó recogimos los pedazos y empezamos de nuevo

Qué novela tan compleja, tan maravillosa y humana. Quienes me conocen saben que me resulta muy difícil puntuar un libro con cinco estrellas, pero El ruiseñor se lo ha ganado sin dificultad alguna. La Segunda Guerra Mundial es mi debilitad, es un tema que me fascina por la dificultad que plantea a los autores: ¿cómo lograr que el escenario y los hechos históricos calcen con personajes bien desarrollados y un argumento verosímil? En mi búsqueda por novelas ambientadas en este contexto me he topado con historias que van por el camino fácil, buscando llegar al sentimentalismo o al romance edulcorado con un resultado poco creíble. Pero también he tenido la suerte de leer otro tipo de novelas, aquellas que se toman su tiempo para desarrollar cada una de sus líneas argumentales, de sumergir al lector en sus páginas, de llevarles a conocer poco a poco a sus personajes mientras exponen la gran escala de grises en las que se manejan. Para cuando uno se da cuenta está irremediablemente enamorado de la historia, con incertidumbre por lo que vaya a pasar y con cierta desesperación al ver que las páginas se acaban y la historia no parece tener un final feliz. Pero creo que las buenas novelas son difíciles de predecir, e independientemente del cómo termine, el camino recorrido hacia ese final se disfruta en cada uno de sus capítulos. 

El ruiseñor es un precioso homenaje al valor de la gente común. Miles de hombres - jóvenes y no tanto - se alistaron durante la guerra, fueron a combatir al frente y hoy son considerados héroes. Pero, ¿qué ocurrió con quienes se quedaron atrás, con todas las mujeres y niños que tuvieron que sobrevivir mientras contaban los días para poder volver a ver a su familia completa? Esta novela busca responder esa pregunta, colocando a dos protagonistas que representan a todos aquellos que hoy han sido olvidados: dos mujeres únicas, fuertes a su manera, que lucharon su propia guerra, que vivieron sus propios horrores. Vianne e Isabelle son tan distintas, pero a la vez tan parecidas entre sí y la relación entre ambas es una de las mejores cosas que tengo que destacar de esta historia. Huérfanas de madre y con un padre que vive con sus propios demonios tras el fin de la primera guerra, ambas se han hecho daño mutuamente. La pasividad de Vianne exaspera a Isabelle, quién a sus dieciocho años está dispuesta a tomar cartas en el asunto y unirse a un movimiento de resistencia. Mientras se esconde en París, Burdeos, el propio Carriveau y otros pueblos Francia, mientras trabaja como mensajera clandestina frente a los ojos de los propios alemanes y arriesga su vida en cada paso, Vianne tiene que lidiar con el capitán que ha llegado a vivir a su casa y con esa mezcla entre desprecio y admiración que siente hacia él. Pronto la guerra se recrudece, empiezan las deportaciones, las persecuciones a judíos, las matanzas sin justificación y el hambre empieza a asolar despiadadamente cada hogar del Valle del Loira. Y pese a todo, hay una pequeña llama de esperanza, una luz que parpadea, débil pero constante, en cada uno de los personajes. ¿Será que, pese a todo, la maldad no puedo corromper el alma de todo ser humano?

Siento que me he explayado mucho y a la vez poco sobre el argumento de la novela. Me temo que tendré que dejar más detalles en el tintero o corro el riesgo de soltar algún spoiler y malograr lo que sería una lectura deliciosamente bien escrita. Sí, soy consciente de que hay algunos detalles históricos que parecen no cuadrar, y que incluso Vianne puede ser el tipo de protagonista a la que da ganas de sacudir en las primeras páginas, pero he pasado por alto porque Kristin Hannah ha logrado que su novela sea verosímil: hay evolución en los personajes, hay complejidad psicológica. Ello, unido a los giros argumentales (de esos que dan ganas de morderse las uñas por la tensión e incertidumbre) y a las dosis pequeñas pero muy bien equilibradas de romance han hecho de El ruiseñor una novela que sin duda está entre mis favoritos del año.  la

Sé que las comparaciones son odiosas y he leído reviews que relacionan a El ruiseñor con La luz que no puedes ver, de Anthony Doer e incluso con Suite francesa, de Irène Némirovsky. Sí, reconozco que comparten algunas similitudes pero... ¿cómo no hacerlo si los tres están situados en la Francia de 1939 - 1945 y han experimentado los mismos hechos? Cada autor le pone su sello especial a sus novelas, creo yo que ahí radica el encanto. De momento, me quedo yo con las buenas críticas que respaldan a esta novela y me uno a ellas al darles toda la razón. 

Durante años he mantenido mis recuerdos a raya. Los he escondido en un desván polvoriento, a salvo de las miradas curiosas. A mi marido y a mis hijos, a mí misma, les conté que no había dejado nada en Francia. Pensé que podría venir a Estados Unidos, emprender una nueva vida y olvidar lo que había hecho para sobrevivir.

¿Quién escribe esa frase? Ese es uno de los grandes misterios de esta novela. El Ruiseñor comienza en una época más actual, un prólogo a lo que vendrá después. Estos breves y espaciados saltos entre presente y pasado se van alternando a lo largo de la historia, hasta llegar a un momento en que todas las piezas encajan y el puzzle se revela en todos su doloroso esplendor. Sabemos que es un personaje que ha sobrevivido a la guerra y a la barbarie. ¿Es acaso Vianne, Isabelle o Sophie? ¿Quizás alguno de los vecinos o amigos? Eso, queridos lectores, se lo dejo a ustedes para que lo descubran. Y desde ya adelanto que El Ruiseñor se disfruta de principio a fin (y quizás, pueda que les haga derramar alguna lágrima).

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2 comentarios:

  1. wooooooooooooo!! me gustó tu reseña. Juró que confundí con la lectura "MATAR A UN RUISEÑOR" te puedo decir que la lectura que te menciono me encantó (si no fuera por una amiga que me recomendó leerlo) no te lo mencionaría jajaja. Pero, creo que con la reseña que nos haz hecho con tanto amor, la leeré. Gracias :)

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  2. Creo que de todas las reseñas que leí de este libro, ninguna me dio tantas ganas de leerlo como la tuya. De verdad, me vino como una cosa de POR QUÉ LO SIGO IGNORANDO?
    Muchas gracias y un besote <3

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CRISTINA RAMÍREZ
Lectora a tiempo completo y psicóloga en proceso. Adoro el invierno, el café y las historias capaces de llegar al corazón. Ah, y los gatos también.

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