Libro vs película: La chica de tren


Rachel Watson es una mujer destrozada. Alcohólica y divorciada, toma todos los días el tren de las 08:04 con destino a Londres y durante el trayecto observa por la ventana, inventándose historias de las personas y los lugares que va viendo. Un pueblo en particular, una estación en especial, es la que siempre desvía toda su atención: desde aquella ventana puede ver su anterior casa, el hogar donde vivía con su ex esposo y que ahora lo ocupa él junto a otra mujer, más joven, más guapa y definitivamente sin problemas con la bebida. Y muy cerca de ahí vive una joven pareja que para ella encarna el amor verdadero, ese que ella ansía con todo su corazón. Ella es joven y bella, él es protector y cariñoso. Día tras día, Rachel se entretiene tejiendo en su cabeza historias sobre ambos... hasta que un día ve algo que lo desmorona todo y sin querer, se ve envuelta en una desaparición donde es ella una de las principales sospechosas. 

¿Conque un nuevo thriller que dice estar a la altura de mi adorada Gone Girl? ¡Eso tengo que verlo! No exagero cuando les digo que fue aquello lo primero que pensé al conocer la novela. Para mí, que algo le llegue a la altura de Gone Girl es difícil de conseguir (qué se va a hacer, la autora hace un trabajo estupendo con esa novela). La chica del tren, la novela, me gustó lo suficiente para entretenerme y pasar algunas horas elucubrando sobre quién podría estar detrás del misterio. Le cuesta arrancar, no lo niego, pero una vez que el lector se amolda al ritmo es más sencillo seguir la pista a la protagonista. La película sigue los pasos muy de cerca y como adaptación me pareció bastante aceptable. Eso sí, hay algunos detalles que me gustaría comentar más a fondo en este review.


EMILY BLUNT, LA INDISCUTIBLE PROTAGONISTA
Pasando por alto que cambiaron por completo el escenario (del Londres de la novela a la bulliciosa Manhattan de la película), La chica del tren logra reflejar de manera adecuada la trama que Paula Hawkins nos plantea en su libro. Emily Blunt se luce como protagonista, logrando encarnar a una Rachel alcohólica y todo lo que ello representa. Los gestos, los movimientos, la cara permanentemente demacrada... toda ella grita que es una protagonista con problemas que se ve envuelta en situaciones que no desea y esa anhelante necesidad de saber que ella no es la asesina le da una intensidad especial a la película. Además de ella tenemos a cuatro personajes más - Tom (el ex-esposo), Anna (la nueva esposa), Scott y Megan (la pareja perfecta) - que soportan el peso de la historia. Sin embargo nadie llega a estar a la altura de Emily, nadie llega a competir con ella. Cada uno tiene una trama por separado, pero también juntos y si vas al cine sin haber leído la historia les aseguro que llega a ser un poco retorcido la forma en que las cinco historias empiezan a entretejerse.

La película, al igual que el libro, se toma su tiempo para contextualizar la historia. ¿Quién es Rachel, cual es su pasado y qué le depara el futuro inmediato? Quizás la primera media hora pueda resultar algo confusa, pero tengamos en cuenta que el filme nos lleva directamente al punto de vista de la protagonista: del mismo modo en que ella tiene dudas y carece de ciertos recuerdos, el propio lector va construyendo la historia a la par que Rachel va consiguiendo más pistas y busca escapar de aquello que se le acusa. ¿Creíste que la decisión que acaba de tomar el personaje es la mejor? Prepárate a que al minuto siguiente se voltee la tortilla. Los thrillers tienen eso, que dan pistas que no son lo que parece y que la historia puede girar en ciento ochenta o trescientos sesenta cuando menos lo esperas. Y La chica del tren no es la excepción. 



LOS FLASHBACKS, UN ARMA DE DOBLE FILO
Si hay algo que no me convenció de esta adaptación fue el manejo de los flashbacks. Cuando uno lee una novela es más fácil seguir el hilo, saber donde empieza y hasta donde termina, tener las fechas especificadas al comienzo de cada capítulo. En la película solo ocurre a medias, porque no hay ningún efecto (más o menos luz, algo de opacidad, música, cualquier cosa) que te diga hasta donde llegan esos recuerdos. Para una persona que va a la sala de cine conociendo la historia resulta más sencillo seguir la pista (aún así, hubo momentos en que me perdía un poco), pero si no es el caso me temo que recién en los últimos minutos todo empieza a encajar. Los flashbacks funcionan de maravilla en los thrillers, pero en mi opinión hay que saber manejarlos para explotarlos al máximo. Avisados quedan, mucha paciencia si quieres enfrentarte a ella sin conocer los hechos del papel. 

LAS ODIOSAS COMPARACIONES
Entonces, ¿llega La chica del tren a la altura de Gone Girl? Absolutamente no y lo cierto es que me fastidia que tomen de referencia a Gone girl para impulsar esta nueva película. Paula Hawkins ha hecho un buen trabajo con su novela. No será el mejor, pero no es malo. Lo mismo sucede con la adaptación: entretiene, logra mantener el misterio, coquetea con la premisa de que sea la protagonista la asesina y conserva ese halo de confusión y cierto peligro inminente pero desconocido. A pesar de las malas críticas y la baja aceptación que ha tenido en EEUU, creo yo que es una película que se disfruta mucho más si se va a verla con las expectativas bajas y habiendo leído antes la novela. Pero si no es el caso, tampoco es una pérdida de tiempo, porque por momentos llega a jugar con la mente del lector. 

¿Ustedes han leído la novela o visto la película? Me intriga que las opiniones sean tan dispares así que me encantaría leer sus comentarios y expectativas sobre esta nueva adaptación a la gran pantalla. 
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2 comentarios:

  1. Es cierto que el libro tiene malas críticas pero como estoy adentrándome a la temática quisiera leerlo en algún momento y claro está luego ver la peli, seguro que le doy una oportunidad a ambas, buena crítica Cris ^^

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  2. Estoy de acuerdo con que esos flashback en la película confunden mucho si no se ha leído el libro.

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CRISTINA RAMÍREZ
Lectora a tiempo completo y psicóloga en proceso. Adoro el invierno, el café y las historias capaces de llegar al corazón. Ah, y los gatos también.

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